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Hola.

Si les dijese hoy que este blog se va de vacaciones conmigo, mentiría, porque yo me voy oficialmente el próximo viernes a las 14h, durante tres —espero que— eternas e interminables semanas, para volver al tajo un día tan bonito como el 1 de septiembre. El caso es que como hoy es 4 de agosto y últimamente este blog está en horas bajas (no sé si eso es una percepción propia o responde a la realidad) he decidido que voy a dejarlo en conserva durante lo que queda de mes, a ver si coge algo de fuerza.

Antes de irme, no dejen de oír el último disco de Coldplay, Viva la Vida or Death and All His Friends. Lo he oído tantas veces desde que lo tengo que algunas canciones me suenan como si llevase oyéndolas años; creo que queda poco para que lo aborrezca, pero está valiendo la pena. Tampoco dejen de contemplar una muestra más de hasta dónde llega la estupidez y gilipollez del ser humano. Hay gente que haría mejor metiendo la cabeza en su propio culo y no sacándola de ahí.

Nada más. Les dejo con una clase práctica, por si salen a bailar a algún sitio este verano.


Por supuesto, con toda probabilidad actualizaré antes del 1 de septiembre, pero eso es cosa mía, yo ya me apaño. Ah. Si el LHC finalmente nos lleva al fin de este mundo tal y como lo conocemos, qué puedo decirles; hasta siempre y ha sido un placer.

Pásenlo bien.

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Los soportes utilizados para los compresores de sistemas de aire acondicionado del tipo que se instalan en las fachadas están habitualmente fabricados con una aleación de aluminio, acero y otros componentes adicionales, dependiendo del fabricante, que son unidos normalmente utilizando soldadura manual de arco metálico. Porcentualmente, el acero representa casi el 95% de la pieza. A principios de la década de los 90, la compañía Weeron, una de las principales empresas fabricantes a nivel mundial y suministradora en exclusiva de Fujitsu, Carrier y Mitsubishi comenzó a tener problemas económicos debido a la competencia oriental y la cancelación de varios importantes contratos públicos con la administración pública estadounidense. Las medidas que adoptó la empresa para superar la situación de crisis fueron la reducción de personal, la disminución del porcentaje de acero hasta el 70% de la pieza y su sustitución por cobre, estaño y otros compuestos más baratos, así como acelerar sensiblemente el proceso de soldadura. Este último aspecto aumentó la productividad de los operarios en un 15% aproximadamente según la información hecha pública por la empresa a principios de abril de 1994, momento en el que sus cuentas presentaban un aspecto saludable.

El 9 de agosto de 1997, en medio de una ola de calor que llevó a algunas zonas de los Estados Unidos a superar los 45 grados, un compresor de aire acondicionado de 29 kg. cayó sobre un hombre desde un cuarto piso en Phoenix, matándolo al instante. Dieciséis aparatos más cayeron al vacío durante ese día y el siguiente, matando a cinco personas e hiriendo a otras cuatro, dejando a dos de ellas en estado vegetativo. Weeron no realizó ninguna comunicación pública tras estos incidentes, pero un peritaje judicial realizado por la Universidad de Chicago, indicó que la aleación y el tipo y calidad de la soldadura detectada en los soportes defectuosos era insuficiente para sostener el peso del 10% de los compresores de mayor tamaño, y que en condiciones de calor extremo, había muchas posibilidades de que la soldadura cediese, dando lugar a los accidentes ocurridos.

La compañía se escudó en sus controles internos de calidad y las pruebas realizadas antes de la comercialización de los soportes, pero al mismo tiempo comenzó a revisar y cambiar los casi 2 millones de soportes vendidos con la nueva aleación. El coste de este proceso, unido a las demandas de sus principales clientes industriales y a la de los damnificados por los fallos de seguridad, puso a la compañía contra las cuerdas. El viernes 15 de enero de 1999 Weeron anunció la bancarrota, con una deuda contraída de más de 300 millones de dólares, una gran parte de ésta en concepto de indemnización a las víctimas, y dejando a más de 2,500 trabajadores sin empleo. El comité de dirección fue declarado culpable de negligencia criminal y atentado contra la seguridad nacional, y condenado a 45 años de cárcel. Excepto Mike Garrison, que falleció poco después del juicio de un ataque al corazón, el resto de miembros continúan hoy día entre rejas.

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Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.

Considérenlo un consejo de un amigo. Luego les cuento.

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Wordle. Visto en pjorge.com. Algo con lo que perder un rato, que no te dice nada a menos que quieras que te diga algo. Ahora que lo pienso, se podría montar un teléfono de videncia con este servicio...

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Hola, lectores.

He empezado a leer un libro sobre el problema de la reputación en Internet; sobre cómo combinar privacidad y derecho a la libre expresión. Lo encontré en el blog de Félix Haro y está resultando sumamente interesante. Por si eso no fuese bastante, está disponible en Internet gratis por la patilla, en la página personal de su autor Daniel J. Solove. Se llama The future of reputation: gossip, rumor and privacy on the internet. Debería haber empezado por el anterior, The digital person. Technology and privacy in the information age, pero el caso es que he empezado por este. El único problema es que están en inglés, pero para ustedes eso no debería ser un problema.

A lo que iba. En los capítulos introductorios, habla de los blogs, y en las páginas 20 y 21, dice:

You also can permit readers to add comments to your posts. If you allow comments, readers' reactions to your post will appear below your text. A blog post can inspire some fascinating discussions. I really enjoy reading the comments to my posts and hearing people's responses.

No sé. Últimamente recibo un puñado de visitas; treinta o cuarenta, y cincuenta en días excepcionales. Algunas de ellas entran buscando la palabra 'urbason', ya que al parecer aparezco en la primera página de Google, y otras, por comentarios que hago en otros blogs. Unos y otros se largan tan pronto como entran. El resto, que son pocos pero no cobardes, asumo que entran a leer lo que escribo. Respecto al número de lectores del feed, hace tiempo que suelo estar en torno a los 75 suscriptores, o ligeramente más, dependiendo del día. En total, y teniendo en cuenta cierto solapamiento entre unos y otros, podría decir que el número teórico de lectores diarios está en torno a 50, o 60 a todo lo más. El número real y práctico que efectivamente leen lo que escribo, no tengo ni idea. Quizá 20, 30, 40. Como decía al principio, no sé.

Aunque reconozco que las últimas entradas no es que hayan sido el colmo del interés, hace mucho (con la excepción del controvertido post del otro día) que no veo un interés "real" en lo que escribo, al menos por parte de la mayoría (siempre hay excepciones, aunque algunas sean familiares), y han habido pocas fascinating discussions; siempre que las ha habido, han sido sobre política (aunque lo contrario no es cierto). Claro que después de casi cinco años está uno acostumbrado, y nada va a cambiar en este blog porque no hayan comentarios, pero considérenlo una reflexión personal; asumo, aunque estaba en la lista, que lo que escribo es poco interesante y que no despierta demasiadas inquietudes; efectivamente, a veces eso es justo lo que es este blog: una reflexión personal que no pretende despertar nada en nadie más que —sólo a veces— en mí. Al menos, si me sirve de consuelo, a mí me gusta, y creo que con eso vale o debería valer. Claro que siempre está la opción de cerrar la paraeta y escribir algo como mandan los cánones; ya veremos, porque no sé si podría aunque quisiese, tanto por inaptitud como por falta de motivación y voluntad.

Les dejo, que en este maldita ciudad hace un calor de narices incluso a medianoche, y encima de este portátil podría freir un huevo (pero me quedaría sin portátil, obviamente). Les recomiendo el libro que les decía. Está en inglés, pero eso no debería ser un problema.

Nota: Si ustedes no comentan, no se preocupen, que los spammers desde luego me tienen mucho afecto.

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Vistos (ambos) en el blog de Berto.

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Dice mi mujer entre risas que me paso el día hablando de él. Que parece que esté enamorado, que es mi único tema de conversación, que lo tiene hasta en la sopa. Vale, el tipo me gusta, he de reconocerlo, pero por supuesto no en el sentido que ella lo dice. Es ingenioso, y parece un tío legal; está un poco loco, pero no más que el resto del mundo , y tampoco me fiaría de nadie que no lo esté al menos un poco; no deja de ser una garantía de que no se toma a sí mismo demasiado en serio, y con esa clase de personas las cosas son siempre más fáciles. Más fluidas. Así que a la hora de la comida, ya sentados a la mesa, en medio de cualquier conversación y sin previo aviso, a veces María me mira fijamente, con una mueca de seriedad, y me pregunta sarcásticamente si me voy a casar con él. Entonces yo le devuelvo la mirada, sonrío y sigo con mi comida en silencio. Quizá hoy le conteste que lo haré cuando ella deje de follárselo.

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Querido diario,

Que situación tan absurda. Llego a casa y en lugar de salir a mi encuentro, Samy se decida a pedirme perdón a su manera, lo que consiste en huir de mí, tirarse en el suelo panza arriba, agachar las orejas y poner cara de "yo no he roto un plato en mi vida". Es decir, que como puede, me está diciendo: "ya sé que lo he hecho mal, pero no me riñas". Así que entro en casa, dispuesto a encontrar vete tú a saber qué destrozo, y nada. Nada de nada; todo está bien, o al menos todo lo bien que estaba cuando nos fuimos esta mañana. Pero claro, es más que evidente que ha hecho algo mal, y ella lo sabe, así que me encaro con ella, la miro con cara de mala hostia, le pego un par de gritos y me doy la vuelta, fingiendo enojo; aunque a ella no se lo parezca, es una situación bastante cómica. Y llevo diez minutos ignorándola, aunque creo que debería ya hacerle caso, porque hoy se ha pasado todo el día sola. Intuyo (es lo único que se me ocurre) que lo que ha hecho ha sido pegarse una siesta encima del sofá, lugar que tiene terminantemente prohibido, pero creo que ya es suficiente castigo...

Por cierto. He cambiado el logo, después del polémico comentario hecho ayer. Claro que eso no tiene absolutamente nada que ver, pero el anterior llevaba ya mucho tiempo y me apetecía algo más "limpio"; este es mucho más sencillo, aunque quizá se pase un poco. Como mínimo, no puede negarse que es bastante evidente, ¿no te parece?

Hasta luego, tú.

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Querido diario,

Lo que hoy te voy a contar no te va a gustar. Empezaré diciendo que no me considero una persona racista, a pesar de que todas las personas que no se consideran racistas comiencen a menudo diciendo justo eso; tampoco voy no obstante a caer en la corrección política. En cualquier caso, es mi experiencia personal. Hoy he pasado aproximadamente media hora al teléfono intentando explicarle a cuatro operadores de Telefónica, uno tras otro y en llamadas independientes al 1004, que tengo puestas dos reclamaciones correspondientes a dos facturas diferentes y que quiero saber en qué estado se encuentra la primera, ya que una de ellas ya está resuelta. No consigo hacerles entender esa sencilla cuestión, ya que insisten en asociar la devolución que se ha hecho del importe de la segunda factura a la primera factura, a pesar de mis reiterados intentos de convencerles de que se equivocan y explicarles de la manera más sencilla la duda que les planteo. La cuestión, y aquí viene el meollo, es que los cuatro eran, a decir por su acento, de origen sudamericano, y ninguno de los cuatro parecía entender lo que les decía.

Estoy seguro de que hay muchos sudamericanos capaces de desempeñar correctamente el trabajo de atención al cliente de Telefónica y cualquier otro que les pongan delante, por difícil que sea, pero mi experiencia personal hasta la fecha es que de cada diez llamadas atendidas por personas de esta "nacionalidad", nueve no consiguen gestionar mi problema correctamente, y no sólo eso, sino que tampoco me dan una respuesta satisfactoria. Más bien al contrario, lo habitual es que cada uno de ellos me de una respuesta diferente a las anteriores. Y la verdad, tengo bastante trato con los servicios de atención al cliente de las grandes empresas (ONO, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, etc.). No sé (ni me importa, sinceramente) si es incapacidad personal, falta de formación interna o problemas en los procedimientos internos de Telefónica, pero este tipo de problemas y falta de claridad (a veces hay dos reclamaciones, a veces una, a veces ninguna, a veces la han devuelto, a veces se reembolsa por transferencia, otras por cheque, otras por descuento en la próxima factura...) es algo que no suele producirse cuando me atiende alguien con acento español.

A pesar de que mi pareja comparte mis experiencias, y más de un compañero de trabajo, me resisto a pensar que esto es algo generalizado, aunque me ponga en guardia con sólo oir el acento. Por hoy, desisto de hacerme entender. Mañana volveré a llamar, a ver si la persona que me coge el teléfono, haya nacido donde haya nacido, es capaz de darme una respuesta coherente al problema que tengo de una puñetera vez.

Hasta luego, querido diario.

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Querido diario,

Hola de nuevo; hoy es la segunda vez que escribo, aunque esta tarde no ha sido demasiado productiva. La somnolencia y el malestar me han hecho quedarme en casa, y aunque el pañuelo de papel y yo seguimos siendo tan íntimos como solíamos serlo años atrás, creo que me encuentro algo mejor; me sigue doliendo ligeramente la cabeza, pero menos que este mediodía y desde luego menos que esta mañana. Tampoco me encuentro tan agilipollado, y supongo que las casi tres horas de siesta han ayudado en eso. Desgraciadamente, y como era de esperar, no he disfrutado de ellas, sino que me he levantado sudando, para variar. Todavía no sé si mañana por la mañana estaré en condiciones de ir a trabajar, aunque espero poder ir por la tarde o el miércoles como muy tarde.

Como decía, no he aprovechado demasiado la tarde. En realidad, el día en su conjunto ha sido bastante estéril, excepto en su vertiente más excretiva (¿?), por decirlo de alguna forma. He estado leyendo cómo el Gobierno estadounidense nacionalizaba el quinto banco más importante del país, Indymac, y cómo parece que el "efecto subprime", si quieres llamarlo así, está muy lejos de acabarse; Fannie Mae y Freddie Mac lo saben muy bien. Por supuesto, aquí quien pierde es principalmente el ciudadano de a pie; muchos se han hecho multimillonarios con todo este montón de mierda financiera, pero de esos sólo pillarán a unos pocos. Sigamos. En la línea de lo dicho, Lehman Brothers se parece cada vez más a un cadaver y aquí al otro lado del charco, y a raíz de la situación de Fadesa-Martinsa, las promotoras siguen pidiendo ayuda, tensando la cuerda con las entidades bancarias ("No les interesa convertirse en inmobiliarias") en un tonillo más que sospechoso. Lo mejor de todo esto, si es que hay algo bueno, es que todas las predicciones y análisis que prestigiosas entidades bancarias y financieras hicieron hace tres meses ya no sirven de nada, porque son incapaces de predecir nada: no dicen absolutamente nada de lo que está pasando ahora, por lo que las cosas han cambiado tanto que tocará volverlos a hacer; esa es la razón por la que la economía, por mucho que a algunos les pese, sólo puede considerarse una "ciencia" explicativa, en la línea de la sociología o la historia, y no predictiva, como las matemáticas o la física. En otras palabras, y en lo que me toca más de cerca (seré iluso), que aunque hay estudios que dicen que el BCE podría subir otro cuartillo de punto antes de final de año, mañana Alemania se puede ir a la mierda (y nosotros con ella) y entonces quizá bajen; y eso no lo sabremos hasta mañana, por muchos índices y valores que consultemos. Seguramente eso lo podría saber alguien, pero ese alguien muy probablemente estaría aprovechando esa información para hacerse de oro y diamantes. Así de caprichosa es la economía, pero ya hablaremos de eso en otro momento.

Antes de irme, dado el espesor, me parece interesante remarcar el profundo subnormalismo de Jennifer López, también conocida como JLo, que, según dice elmundo.es: "Jennifer López insiste en vestir a sus gemelos con un nuevo diseño de ropa cada día. Con 38 años, a la estrella casada con Marc Anthnoy, no le gusta que sus hijos de cinco meses, Emme y Max, lleven la misma ropa dos veces." Lo que te decía: subnormalismo profundo, o abismal. Te dejo, pásalo bien. Yo sigo sudando, y empiezo a preguntarme si no tendré algo de fiebre, ya que me da la sensación de que calor mucha no hace... Mañana te cuento, si puedo.

Hasta luego, querido diario.

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(A partir de aquí, te dejo con los siempre anárquicos archivos.
También los tienes indexados por meses, si eso te sirve de ayuda)